DaViD M.: ULTiMaS 72 HoRaS.

Te miro.
Observo como te acercas y el ruido de la estación desaparece...
Silencio roto por el sonido de unos pasos que recorren una línea invisible: la que une tus ojos con los míos; y el tic - tac de mi corazón, que marca los segundos que aún me quedan para poder abrazarte.
Los voy sintiendo uno a uno, lentos, pesados... y me pregunto si esta será la última vez, si después de esta ya no volveré a ver tus ojos fijos en mi... ni tu sonrisa a medias.

Me pregunto si mereció la pena que abrieras la boca...

Somos dos almas perdidas en busca de su sueño.
Dos sueños distintos que se mezclaron con el color de la pólvora en el cielo de una noche cualquiera.
Somos dos almas solas que temen necesitarse.
Hace tiempo que temo que no me necesites. Hace tiempo que sé que te necesito.

Te veo.
Despierto del aletargamiento... ya estás aquí, a mi lado. Extiendo los brazos y me abrazo a ti.
Siento tu olor, tu calor... y dejo que me envuelvan.
Cierro los ojos... y el mundo desaparece. Sé por qué estoy aquí, por qué he cogido ese autobús... y siento que ha merecido la pena. La espera, la incertidumbre, el anhelo... las lágrimas.

Te aprieto contra mi pecho, quiero que sientas lo que estoy sintiendo... Temo que se agote y aprieto un poco más. Quiero sentir tus latidos, quiero que sientas los míos, pero tu corazón no me toca, y el mío... apenas te roza.

Te miro.
Tus ojos están clavados en mi, me observas en silencio.
Quisiera descifrar tus pensamientos, esa maraña que hay en tu cabeza. Poder desenredarla...
Entonces, me ofreces tu boca, y me pierdo en ella.
Te beso, me besas... me apartas.

Tus ojos ya miran al frente. El mundo reaparece y la estación se pone de nuevo en marcha.
Las prisas, los viajeros, las maletas... se mezclan con nosotros, con nuestra historia, y con las historias de los que allí se encuentran.

Hablas, pero apenas escucho. El lunes nos diremos adiós, tan solo 72 horas...
Tu volverás a tu mundo, y yo... a esperarte.


Zaragoza, a 27 de diciembre de 2008.

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