1. AiToR: CuaNDo NoS CoNoCiMoS.

Era el 11 de diciembre de 2009. Aquella noche tenía cena en casa de una de mis amigas, y aquella noche, al mirarme al espejo me sentí la mujer más fea del mundo. No me gustaba ni mi pelo, ni mi ropa; el maquillaje no conseguía eliminar mis imperfecciones y el reloj me decía que ya llegaba tarde, así que no me quedó más remedio que salir de casa rumbo a casa de mi amiga con la sensación de que aquella noche no iba a ser mi noche.

La cena estuvo muy bien, nos reímos mucho y todo estaba muy rico. En la sobremesa entre conversación y juegos, logré olvidar, en cierta forma, esa sensación.

Sobre las 3 de la madrugada, decidimos que ya era hora de un cambio, y decidimos bajar a la ciudad (la casa de mi amiga está en un barrio cercano a la ciudad, pero para llegar a ella hay que coger el coche), como ninguna estábamos en condiciones de conducir, nos fuimos en autobús. En el autobús sólo estábamos nosotras, y montamos una buena.

Y al bajar, alguien preguntó:
- ¿Dónde vamos?
- Vamos a esa discoteca que han abierto nueva, y vemos que ambiente hay.

Así que para allí fuimos…

Esa discoteca llevaba abierta unas semanas, pero yo todavía no había ido. Y una vez dentro… lo mismo de siempre: tomas unas copas, bailas unas canciones… sin más.

En una ocasión me giré para ver a mi alrededor y le ví a ÉL, que en ese momento me estaba mirando mientras sonreía. Yo le eché una mirada asesina, mientras pensaba: “¿y este por qué me sonríe?”. Mi amiga me tocó el hombro y desconecté.

Y es que... a mí siempre me han gustado los hombres altos, y en ese momento estaba pasando uno por nuestro lado, así que mi amiga me tocó el hombro para avisarme. Yo le hice un gesto de aprobación, y ella se acercó a él y me lo presentó. Llevaba un jersey de rayas y unos vaqueros.
Nos hicimos una foto… me cogió en brazos… Una buena foto.
Luego se fue… oooohhh.

Mi amiga y yo tenemos la costumbre, cuando entramos en una discoteca, de darnos una vuelta por ella, porque, ya que hemos pagado, que menos que dar una vuelta y ver lo que hay. Ella se fue al baño con las demás, dejándome sola con una de mis amigas, y quedamos en que cuando volviera del baño, daríamos esa vuelta… No llegamos a darla.

Nada más marcharse, alguien tocó mi hombro, yo no me giré porque me sonó a la típica vacilada de sábado noche, y esa noche no tenía ganas de tonterías. Mi amiga me dijo:
- Te han tocado el hombro, y yo sé quien ha sido.
- ¿Quién?- le pregunté.
- Ese – dijo, señalándole a ÉL.

Me giré y efectivamente era ÉL. Llevaba un jersey a rayas y unos vaqueros, pero cuando me giré no me estaba mirando.

Le dije a mi amiga:
- Voy a tocarle el hombro y a preguntarle: ¿por qué me has tocado?
- Me parece muy bien – dijo mi amiga.

Ambas le echamos un vistazo de arriba abajo…

- Pues no está nada mal – dijo mi amiga.
- No – contesté yo – no está nada pero que nada mal.

Así que fui hacia ÉL, aprovechando que estaba de espaldas. Le toqué el hombro, con tan mala suerte, que en ese momento pasó alguien por allí, empujándome y haciendo que derramase parte de mi cubata en su precioso jersey de rayas, así que cuando ÉL se dio la vuelta, no fui capaz de decirle nada. Fue ÉL quien comenzó la conversación:

- Disimulas muy mal – dijo.
- Pues como tú – dije yo – antes me has tocado.
- Tienes razón - dijo.
- ¿Y querías decirme algo?
- Decir, lo que se dice decir… más bien quería hacer.
- ¿Y qué es lo que querías hacer? – le dije.
- Es que me da vergüenza…
- ¡¡Venga ya!! Va, dímelo.
- Buff!! – silencio - ¿Cómo te llamas?

Y así comenzó “lo nuestro”. Estuvimos hablando el resto de la noche. Me dijo que estaba de cena de trabajo, y al preguntarle en qué trabajaba dijo con un halo de misterio:
- Digamos de soy funcionario.
- Eres poli – le dije con gran seguridad.

Su cara cambió por completo y mientras se quedaba blanco me dijo:
- No, soy bombero.
- Venga ya – le dije – Tú no tienes cuerpo de bombero.
- ¿Y cómo tienen el cuerpo los bomberos?
- Más musculados, no sé…

Entonces cogió mi mano y la puso encima de sus pectorales… Fue en ese momento cuando pude entrever el pedazo de cuerpazo que tenía, asegurarme… eso fue después. Y es que días más tarde, me contó que es de los que se machacan en el gimnasio, que va todos los días 2 horas; por lo que intuyo, que el haberle dicho que no tenía cuerpo de bombero debió sentarle a cuerno quemado.

Finalmente, tras unos minutos me confirmó que era policía (¡¡mini-punto para mí!!), que llevaba en mi ciudad 2 meses, aunque era policía desde hacía 4 años.

- ¿Cuántos años tienes? – le pregunté.
- 25. ¿Y tú?
- 28 – le contesté tímidamente.
- Bah!! pensaba que iba a ser peor – dijo, soltando una carcajada.

Para entonces ya nos habíamos intercambiado los números de teléfono, y ya me había propuesto que quedásemos al día siguiente para tomar algo. Yo que siempre soy muy desconfiada con el género masculino, le dije:
- Ah, ¿Qué me vas a llamar?, sí si, claro.
- ¿No crees que vaya a llamarte?
- Pues no.
- Yo te prometo que mañana te llamo – me dijo, poniéndose muy serio.
- Sí, sí, vale.
- ¿Sigues sin creerme?
- Sí - dije.
- ¿Quieres que te de una prueba de que voy a llamarte mañana?

En ese momento empecé a asustarme, pero no pude contenerme y dije:
- Sí.

ÉL se acercó despacio, muy despacio, puso su mano derecha en mi mejilla izquierda y fue acercando su boca poco a poco, hasta que finalmente besó mis labios…

Un solo beso y luego se alejó, tímidamente. Nuestras bocas estaban a escasos milímetros, parecía como si estuviese esperando a que yo le demostrara que su primer beso me había gustado y que quería más… no le defraudé y nos fundimos en un beso, más intenso y más largo… pero igual de dulce.

- ¿Te ha quedado claro que mañana voy a llamarte?
- Pues no mucho, todavía tengo mis dudas – le dije pícaramente.

No le quedó más remedio que volver a besarme…

Cuando abrí los ojos ví a mi amiga dando botes y mientras se tocaba el ojo gritaba: “¡¡te he visto!!”, “¡¡te he visto!!”, y a mi lado, al muchacho alto del jersey de rayas, al anterior, que me miraba fijamente con no muy buena cara. Mi amiga se acercó y me dijo:

- ¡¡Se te están acumulando las rayas!! ¡¡date prisa que se te acumulan!!

Y entonces… cerró la discoteca…

ÉL me preguntó si quería que me acompañase a casa. Yo, como mujer segura e independiente que soy (¡¡ja!!) le dije que no hacía falta, que como iba a llamarme mañana e íbamos a quedar… podía ir a casa sola.

Nos despedimos con otro beso, esta vez mucho más intenso, más profundo y más prolongado y nos dijimos adiós con la manita.

Que curiosa es la vida... Unas horas atrás, había salido de mi casa sintiéndome la chica más fea del mundo, y unas horas después regresaba a casa sintiéndome la mujer más hermosa del universo…. y con un nuevo número de teléfono en mi agenda.
¿Me llamará mañana?


5 de enero de 2010.

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