CuLLeN: PRiMeR eNCueNTRo, PRiMeRa CiTa.


El día de nuestra primera cita estaba muy nerviosa... No era realmente una cita a ciegas, como fue la de Jesús, pero no dejaba de pensar qué podría pasar, qué debía hacer si la cosa iba mal, o qué sentiría cuando le viese: si me arrepentiría de haber quedado o me reafirmaría en mi decisión.
Y de tanto pensar... llegué tarde. Casi 15 minutos, y aunque tenía su número de teléfono, no le avisé de mi retraso.
Creo que en el fondo, una parte de mí deseaba que se hubiese cansado de esperar y se hubiese ido, poniéndome las cosas mucho más fáciles. Soy una cobarde, que le voy a hacer.
Pero al girar la esquina, distinguí a lo lejos una figura que me resultaba conocida, y a medida que me iba acercando, y nuestras miradas se encontraban, me di cuenta de que a la luz del día Cullen resultaba aún más atractivo, y su sonrisa... aún más interesante.
Tras reprocharme mi tardanza, entramos en el bar a tomar algo. Yo pedí un refresco y él un zumo.
Después buscamos sitio, y nos acomodarnos en una de esas mesas que en lugar de sillas tienen sofá, lo que nos dejaba muy cerca el uno del otro. Tras dicho ritual, comenzaron las presentaciones...
Descubrí que es electricista, el menor de 5 hermanos, que su padre había fallecido cuando él tenía 5 años, y que acababa de salir de una relación de 1 año de duración, hacía 6 meses.
La conversación, que en un primer momento fue difícil y escasa, debido a nuestra timidez, fue fluyendo a medida que pasaba el tiempo.
Me pareció un chico muy educado, observador, atento, agradable y divertido, con unos toques de ternura, inocencia y timidez. Como curiosidad añadiré que es piragüista, no de forma profesional, pero sí como hobby y como profesor para niños, lo cual, como a casi cualquier mujer, me enterneció.
Como decía, mi cita estaba yendo muy bien, hasta que se me ocurrió preguntar cuántos años tenía...
Me quise morir cuando dijo:
- he nacido en 1986, tengo 23 años.
Y morí cuando, tras preguntarme, tuve que confesar:
- he nacido en 1981, tengo 28 años.

Nunca he sido una de esas personas a las que les importa la edad, pero tengo que reconocer que me impresionó... mucho. No me lo esperaba, de hecho recuerdo que me dijo que todo el mundo se sorprendía cuando decía su edad, que su aspecto siempre ha sido el de una persona mayor, y que, aunque en un primer momento había pensado que yo era un par de años más joven, nuestra diferencia de edad no le resultaba importante.
Yo seguía con la boca abierta. No sabía si levantarme e irme, o tirarme a la piscina, pero no me dio tiempo a reaccionar... Cuando quise hacerlo, sus labios se encontraron con los míos, y ya no recuerdo nada más...
Sólo sus caricias en mi hombro, en mi espalda, en mis mejillas. Su lengua y su boca, mostrándome sensaciones que nunca había experimentado.
Su forma de besar, de acariciar... no pueden expresarse con palabras, o al menos a mí no me salen. Jamás me habían besado de esa manera, tan dulce, sensual, y excitante.

Tuve que rendirme...

martes, 17 de agosto de 2010.

3 comentarios:

Kobal dijo...

Y bien que hiciste ;) Lo de la edad no es un problema cuando los dos tenéis las cosas claras.

una "sin par" en busca de su medio cítrico dijo...

Uissss... ese era el problema, que yo no tenía las cosas demasiado claras.

Kobal dijo...

uuuuuuuuuuu que mal suena eso.

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